La Finestre es un monte sin asfalto, un lugar donde no hay recreo ciclista. En los Alpes italianos, no muy lejos de la frontera francesa, se va a resolver el Giro de Italia, el sueño de cualquier organizador, que la carrera llegue abierta casi hasta la última etapa.
Y así es, porque en la ronda italiana, a pesar del pundonor, la resistencia y la clase, por supuesto, de Isaac del Toro, el líder mexicano de la carrera, sólo 21 años, no está Tadej Pogacar, como en 2024, porque de lo contrario ni habría fugas triunfadoras ni corredores como el francés Nicolas Prodhomme tendrían la dicha de levantar los brazos como vencedor de la antepenúltima etapa de la prueba.
Sucedió este viernes algo que podía ser previsible. Es tan dura y larga la etapa de este sábado que hasta resultaba conveniente ascender por los cinco montes enclavados en el valle de Aosta con cierta prudencia. Había que guardar la ropa, porque no llamándose Pogacar, cualquier ataque en la lejanía más que una obra de arte habría sido una locura.
Por eso, fructificó la fuga. Y, por idéntica razón, Richard Carapaz prefirió mover el árbol del Giro y probar a del Toro, a falta únicamente de dos kilómetros para coronar la cumbre de Antagnod, el último puerto de la etapa, un demarraje más bien de prueba que con vistas a un resultado efectivo.
Sirvió sólo para distanciar a Simon Yates y para que el Giro parezca este sábado un duelo entre el primero y el segundo de la general con 204 kilómetros camino de la mítica estación de esquí de Sestrière, según informa Efe.
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