CICLISMO | El deporte español se ha teñido esta semana de luto tras el fallecimiento del grandísimo Ángel Arroyo (1956-2026), uno de los escaladores más memorables de la década de los ochenta y estandarte del mítico equipo Reynolds. Su mayor gesta fue el segundo puesto en el Tour de Francia de 1983, una edición en la que escoltó en el podio de París a Laurent Fignon tras firmar una exhibición portentosa en la cronoescalada al Puy de Dôme. Con su carismática sencillez, el propio corredor abulense solía rememorar las audaces vivencias de aquella época dorada:
«En la primera concentración, en el año 1982 cuando fuimos a Candanchú (Huesca), llegó el periodista Francisco Chico Pérez y nos preguntó si queríamos ir al Tour de Francia. Nos quedamos un poco sorprendidos y fuimos, finalmente, después de participar en la Vuelta a España de 1983».
«La contrarreloj por equipos, de 100 kilómetros, en aquel Tour de 1983 fue una paliza grandísima. Así era el ciclismo de los ochenta. Yo siempre decía que no teníamos ni puñetera idea de correr; atacábamos y nos cavábamos nuestra propia tumba. Sobre todo, en las grandes vueltas como el Tour».
En aquella misma Grande Boucle, el ciclista de El Barraco —cuna de leyendas como José María «Chava» Jiménez y Carlos Sastre— sufrió un calvario al ingerir un batido en mal estado en plena etapa del Glandón, con final en el mítico Alpe d’Huez. «A mí me gustaba empezar despacito. Llegó un momento en que el cuerpo no iba, me quedé descolgado y empecé a ver cómo me pasaban los coches. Pensé que me iba a quedar ahí tirado».
Sin embargo, el orgullo del campeón no tardó en emerger: «Jesús Hernández Úbeda me gritó «¡venga!». Poco después entró un grupo y empecé a oxigenarme. Yo les decía que todavía podíamos llegar con los de cabeza. Empezamos a bajar el Glandón con unos lagrimones en los ojos; me veía al borde del abismo. Pero me recuperé de forma increíble y comencé a adelantar rivales camino de Alpe d’Huez».
Ángel Arroyo resistió, remontó y se coronó subcampeón de aquella ronda gala, consolidándose para siempre como genio, figura y pionero del ciclismo moderno. Descanse en paz, leyenda.

